¿Qué pasaría si León apostara más por edificios certificados LEED?

Edificio LEED

En muchas ciudades del mundo, la sostenibilidad dejó de ser un tema aspiracional para convertirse en una condición básica de desarrollo. La certificación LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) es hoy uno de los estándares más reconocidos para evaluar qué tan responsables y eficientes son los edificios donde trabajamos, vivimos y convivimos.

En México, esta tendencia ya es una realidad. Al cierre de 2024, el país registra más de 1,600 proyectos inscritos en el sistema LEED, de los cuales más de 700 ya cuentan con certificación, posicionándolo como uno de los líderes en América Latina en construcción sustentable. Las ciudades que encabezan esta adopción son Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y Querétaro, donde la sostenibilidad ya forma parte del discurso urbano y económico.

En contraste, en ciudades como León, el número de edificios certificados aún es reducido frente a su tamaño, dinamismo económico y crecimiento poblacional. Esto abre una conversación interesante: ¿qué podría cambiar si León avanzara con mayor fuerza hacia este tipo de desarrollos?

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Los beneficios ya han sido probados en otras ciudades del país. Edificios certificados LEED pueden lograr ahorros de hasta 30% en consumo energético y hasta 40% en uso de agua, además de ofrecer mejores condiciones de confort, salud y productividad para quienes los utilizan. Pero el impacto no se queda en el edificio: estas características influyen en cómo una ciudad es percibida por empresas, inversionistas y talento joven.

Cada vez más compañías buscan operar en ciudades alineadas con estándares ambientales y de eficiencia, y cada vez más personas valoran vivir en entornos que reflejen una visión de futuro. En ese contexto, la sostenibilidad deja de ser un tema técnico y se convierte en una señal clara de hacia dónde va una ciudad.

La pregunta ya no es si León puede adoptar estos estándares, sino qué ganaría la ciudad si lo hiciera de forma más decidida:
¿más competitividad?, ¿mejor calidad de vida?, ¿mayor atractivo para nuevas generaciones y proyectos?

La conversación está abierta, y el momento para imaginar ese escenario también.

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